Allí estaba, recostado en el sofá verde. El mueble desvencijado por el paso de los años; deslucido, en su segunda vida. En el rincón de aquella sala oscura y llena de historias. Historias de pantalla plana y de papel. Porque entre aquellas paredes nunca sucedía algo que no fueran películas o novelas. Tal vez algún día, el viejo sofá verde, sostuvo algún beso, alguna caricia, algún instante de deseo. Pero jamás contó nada. En la tarde gris, la luz de la televisión alumbraba la estancia. Vaso a vaso, la botella de whisky se vaciaba.
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