Thamar Álvarez Vega y “De la estirpe de Némesis”

«Valencia, año 1988. Ariel Zúñiga, chileno exiliado en España y profesor universitario en la capital levantina, ha dejado atrás su vida en Chile, lo que incluye su militancia política, su esposa y su hija, a quienes no ha vuelto a ver desde hace más de quince años. Su plácida existencia está a punto de verse perturbada con la aparición repentina de Silvia, su hija, quien le confiesa, nada más franquear la puerta de su departamento, que el motivo de su visita a la ciudad de Valencia es buscar y matar a un hombre».

Conocí a Thamar Álvarez Vega meses antes de que su novela “De la estirpe de Némesis” fuera editada por la editorial Cuadranta. El mundo virtual y las coincidencias de la vida nos juntaron. Después leí su novela “Retazos singulares de una diáspora”, publicada por la editorial chilena RIL en 2012. La lectura de esta historia no me dejó indiferente, e hizo que me revolviera en mi sillón y qué sintiera curiosidad sobre la veracidad de la historia que contaba: “Hace ya muchos años, treinta y siete para ser exactos, Paulina Aresti Toledo vivió en un kibutz. Este se encontraba en el norte de Israel –en las proximidades de Afula y Nazareth– y estaba ubicado en los terrenos de un antiguo campo de entrenamiento del Ejército británico en épocas en que aquella zona del Oriente Medio era colonia de Inglaterra. Corría el año 1974, uno después del golpe de Estado en Chile…”

Thamar y yo comenzamos a chatear y poco a poco conocí a esta autora, hija y nieta de exiliados políticos. De nuestras conversaciones y a raíz de la presentación de su nuevo libro, ”De la estirpe de Némesis”, surgió esta entrevista.

“De la estirpe de Némesis” su último libro publicado (01-06-2022) y el primero en España es la historia del reencuentro de un padre y una hija, del reencuentro del presente con el pasado. La historia de una familia a través del dolor y el rencor. Esta historia está marcada por los acontecimientos en la vida de una familia en donde “las ofensas deben escarmentarse.”

¿Quién es Thamar Álvarez Vega?

Una mujer con múltiples facetas, como todo ser humano. Soy escritora, psicóloga, madre, esposa, hija, nieta, ciudadana del mundo, hija del exilio y una persona comprometida con la verdad, la justicia, los derechos humanos, la memoria histórica, el feminismo, la igualdad de oportunidades y derechos, y con el medio ambiente y el planeta

La vida de Thamar está marcada por la política. Era una niña cuando Thamar y su familia se ve obligados a abandonar Chile – tras el golpe de Estado de Pinochet- y exiliarse en Israel.

¿Cómo influyeron en ti los años de dictadura en tu país?

«Bueno, para mí no fueron años de dictadura, sino de exilio. De hecho, el único tiempo de dictadura oficial qué viví fueron los primeros 11 meses del régimen totalitario de Pinochet, entre septiembre de 1973 y agosto de 1974, y los 9 meses de dictadura franquista entre febrero y noviembre de 1975.

Con respecto a la influencia del exilio en mi vida, es profunda. La persona que hoy en día soy, con todo mi bagaje personal, mis logros, mis desafíos, mis aciertos y mis errores, mis aprendizajes y mis construcciones y reconstrucciones está atravesado por el hecho de ser una hija del exilio. Es inevitable. Y creo importante señalar que esto no es ningún juicio de valor, sino una descripción. Pues se trata de una realidad con sus pros y sus contras, y de la que no tuve mayor control que el hecho de crecer y desarrollarme como el ser humano que soy en esa realidad que, lisa y llanamente, me tocó. Tengo muy claro que crecer en el exilio no es una elección que libremente se toma, menos aún a los 9 años de edad. Y qué, desde esa perspectiva, soy una víctima, como millones de exiliados en el mundo a lo largo de la Historia de la Humanidad, de un hecho violento, criminal y totalmente repudiable. Pero así como todas las crisis son una oportunidad, en mi caso (y en el de mi familia en general), siento que la mayoría hemos sido resilientes, aprendido mucho y gestado vidas positivas y constructivas pese a ello.

“De la estirpe de Némesis” no es tu primer libro ni tampoco el último ¿Cuándo surge la escritura en tu vida?

Desde muy niña. Primero fui una lectora precoz, desde que a los 6 años mi madre puso en mis manos una versión para niños de la Historia Sagrada. Nacida y crecida en una familia laica y con compromiso político, la leí y me deleité con sus historias, tanto como pocos años después, ya exiliada en Israel, me sentí leyendo “Las mil y una noches” o “Alicia en el país de las Maravillas”. Todas tuvieron la virtud de despertar mi imaginación. Mis primeros escritos fueron cuentos de ciencia ficción. Debo haber tenido unos 12 años, e influenciada por cuentos y novelas que leía en casa o que sacaba de la biblioteca, en Oviedo. Con mi hermana menor, Marcia (también escritora), devorábamos todo lo que caía en nuestras manos, y por fortuna mis padres siempre consideraron de vital importancia tener libros en casa y cultivarnos. También tuvimos cientos de revistas, cómics y tebeos de la época. Así que a ninguna nos faltó lecturas de todo género y calidad. Desde entonces, también, surgió mi devoción por la literatura hispanoamericana, en paralelo a las lecturas obligadas de los clásicos españoles en el instituto. Todas esas lecturas, cientos a lo largo de los años, me fueron influyendo en mayor o menor medida, en mi desarrollo personal como escritora.

34 años después de escribirlo, se publica “De la estirpe de Némesis” ¿Por qué ahora?

Creo que por dos razones principales: en primer lugar, por mi inexperiencia como escritora, pues, aunque esta era mi segunda novela (la primera, “La señal del Colibrí”, la había escrito dos años antes), no tenía ninguna cultura ni noción de la publicación. Es decir, con ninguna de esas novelas se me ocurrió la idea de enviarlas a alguna editorial, sino que las escribí por el placer que me provocaba la escritura, como una suerte de necesidad creativa personal. Y la segunda razón fue que, en esa etapa de mi vida, estuve en constante movimiento y mudanza. Entre mi primera y segunda novela me trasladé de Oviedo a Valencia. Y a mitad de escritura de “De la estirpe de Némesis”, retorné a Chile. Y entre medio de todos esos avatares, entre 1988 y 1992, me independicé, terminé la carrera de Psicología en la Universidad de Valencia, me casé y al año siguiente nació mi primera hija. Así las cosas, la vida se convirtió en un torrente vertiginoso de sucesos, y pensar siquiera en entrar en contacto con el mundo editorial se me hizo impensable. Solo años después, en 1998, presenté “La señal del Colibrí” al Concurso de Novela Corta de la SECH (Sociedad de Escritores de Chile) y salí finalista, con una mención honrosa. Fue la primera vez que sentí qué mis novelas podían tener alguna salida desde los certámenes y concursos literarios. Pero aún veía el mundo de las editoriales como algo muy lejano, solo para escritores consagrados.

¿Cómo surgió la historia? ¿Has logrado contar lo que pretendías hace tres décadas?

La historia surgió como suelen surgir mis historias: de una frase, de un diálogo interior, de una idea amplia que poco a poco va encontrando su camino en la hoja en blanco. En esa época, yo vivía la tercera etapa de mi exilio en Valencia (la primera fue en mi infancia, en Israel; la segunda, también en mi niñez, adolescencia y primera juventud en Oviedo), había comenzado mi convivencia con quien a los pocos años se convertiría en mi primer esposo, estudiaba en la universidad y hacía pequeños trabajos para ganar algunas pesetas de las de entonces. Y, claro, escribía. La temática del exilio, del golpe de Estado, de la dictadura en Chile ya había aparecido en mi primera novela, pero en ambas es solo un contexto, pues al final la imaginación me lleva por derroteros muy distintos y complejos, cargados de personajes con sus propias vidas y experiencias personales.

En cuanto a si logré contar lo que pretendía, creo que sí. “De la estirpe de Némesis” es el reflejo de la escritora que era yo entonces, con su bagaje personal, sus vivencias, sus inquietudes y la inquieta creatividad de su imaginación a sus veintipocos años.

¿Qué destacarías de la novela?

Por un lado, destacaría su calidad literaria. Creo que es una novela entretenida, dinámica, que contiene temas y personajes de variada naturaleza y con sus propios mundos interiores, motivaciones y personalidades singulares. Que no escatima misterios, y que refleja realidades de variado, sino que se combinan de forma coherente con la trama principal.

Y en este sentido, creo que lo segundo destacable es que en la época en que la escribí, fines de los años ochenta, aún no se habían acuñado términos o conceptos antropológicos y sociológicos como los de “memoria histórica”, “hijos del exilio”, “daño transgeneracional” o “trauma psicosocial”. Y solo años después, releyendo mi novela, fui consciente de cuán presentes están todos estos conceptos en ella, sin nombrarlos ni hacer alusión a ellos.

El argumento es más que el reencuentro de un padre y una hija ¿qué significado tiene?

Es un reencuentro difícil y con un contexto muy determinado, pues sabemos que las relaciones familiares pueden tener infinitos avatares producto también de infinidad de motivos. Podríamos decir que, dentro de una realidad muy concreta y con características propias, el reencuentro de este padre y esta hija en específico está inmerso en una realidad colectiva, la del exilio latinoamericano, que le da un contexto específico. Pero, a su vez, tiene su propia definición e intimidad. Y estas características propias deben explicarse, el lector podrá entender cuál es su génesis. Y ahí es donde entra en escena toda la historia previa, con su identidad y eventos propios.

Cuando Silvia llega a Valencia, a casa de su padre confiesa que va a matar a un hombre… inicias la novela con la muerte que permanecerá a lo largo de la historia ¿Qué es la muerte para Thamar?

Un misterio insondable. Y algo que me hace oscilar entre el terror y la resignación según el día. No soy una persona religiosa, así que mis esperanzas sobre un “más allá” son escasas. Mi mente científica se confabula con mi mente creativa, y ambas me recuerdan que somos “polvo de estrellas”, así que me imagino a mí misma convertida en moléculas que vagan por el universo infinito, en un tour eterno por la inmensidad del Cosmos. Pero tampoco me engaño a mí misma, así que vivo mi día a día sacando máximo provecho a mi tiempo y deseando que, llegado mi último día, este me encuentre agotada y esperanzada en que la muerte sea ese descanso eterno del que se habla, o me pille tan de sorpresa que, simplemente, ni cuenta me dé de que ese último día llegó. En todo caso, cuando se trata de la muerte de mis seres queridos, vivo cada día bajo esa máxima de que “la verdadera muerte es el olvido”, y procuro pensar en aquellos que ya partieron con mucho amor y la conciencia clara de que, para mí, nunca estarán muertos del todo mientras no me olvide de ellos.

A través de Lidia vuelves al pasado de Chile, a la represión y los crímenes de la dictadura de Pinochet. ¿Es necesario escarbar y recordar el dolor de las personas para no olvidar la historia?

Es perentorio recordar, leer y escuchar estos testimonios, porque solo cuando se recuerdan, se leen y se escuchan logran mantenerse en la memoria colectiva y conformar la memoria histórica. Y esta es absolutamente necesaria para que los crímenes, el dolor y el sufrimiento que los regímenes totalitarios y sus protagonistas provocan se conozcan de generación en generación y no vuelvan a repetirse. Varios de los integrantes de mi familia, hombres y mujeres, sufrieron esos apremios ilegítimos, esas torturas, esos vejámenes, ese dolor. No se trata de escarbar en el dolor, sino de recordar el pasado porque solo en la memoria de los hechos puede encontrarse la justicia y reparación que esos hechos merecen.

El 12 de octubre es una fecha señalada en el libro ¿hay algo que celebrar?

No, no hay nada que celebrar. Solo recordar, porque también el 12 de octubre fue un hecho histórico que comenzó un proceso cargado de dolor, abusos, injusticias y atropellos a los derechos humanos. Y también aquí la memoria histórica debe estar presente.

Otra fecha histórica que aparece en la novela es el terremoto de 1971 ¿recuerdas aquel jueves 8 de julio de 1971?

¡Siiii, no se me olvidó nunca más! Yo tenía apenas 6 años, pero te puedo describir todo lo que recuerdo de esa noche (pues ya estaba oscuro cuando empezó el terremoto), con pelos y señales. Yo creo que, en la vida de cualquier persona, niño o adulto, un terremoto es una de esas experiencias que permanecen indelebles en la memoria de por vida.

En 1997 regresas de nuevo a Chile para volver otra vez a España, concretamente a Barcelona en el 2019 ¿Cómo encuentras la situación de ambos países en los impases ausentes? ¿se ven cambios en los intervalos de tiempo ausente?

Bueno, mi primer retorno a Chile fue en 1991, y el segundo en 1997. Entre esas dos fechas, viví tres años en Israel, en concreto en Azur y Tel Aviv. Como te contaba, mi vida ha tenido muchos “ires y venires”, y eso ha afectado también a mi creación literaria y a mis posibilidades de publicación. En Chile, en 2019, recibí otra mención honrosa en otro concurso, por mi novela “Las apariciones de Laura”. En ese sentido, 2019 fue un año especial para mí, pues meses antes de recibir ese galardón, publiqué mi novela “Voces en alta mar”, así que supongo que puedo decir que 2019 fue un año muy bueno para mí en lo literario. Pero nuevamente un cambio de país afectó a mi carrera literaria. Parece ser mi sino.

Con respecto a los cambios qué noto entre la España que dejé en 1991 y la que encontré en 2019, son muchos. Obviamente, el paso de los años ha conllevado un mayor desarrollo y modernización en España a muchos niveles, pero creo que las crisis vividas en ese intervalo han dejado algunos damnificados, entre medio algunos recursos públicos (como la sanidad pública, por ejemplo) donde se nota que el nivel de inversión no fue parejo al desarrollo del país a otros niveles. Y esto se notó de forma dramática durante la pandemia. Siento que España, a la que yo veía como un modelo en su estado de bienestar, cayó también en manos del sistema neoliberal, con un detrimento de la inversión en lo público y un alza de lo privado. Y esto, cuando convierte el rol de Estado en algo más subsidiario que principal, no se traduce en un verdadero desarrollo de un país. Por otro lado, como dato curioso, el tener que acostumbrarme al manejo del euro como moneda también ha tenido sus bemoles, pues cuando me marché, a principios de los ‘90, aún estaba la peseta. Pero, en fin, pasados ya casi 3 años desde mi regreso a España, esto ha pasado a ser meramente anecdótico.

De los casi veinte personajes que aparecen en el libro, Coloma tiene una fuerte personalidad, aparece a lo largo del libro y sin embargo solo es un espíritu. Háblame del personaje.

Coloma surgió de mi imaginación. Quizás podríamos decir que es el “alma” de mi novela, pero eso sería ponerle una etiqueta que, seguro, a ella no le gustaría, pues Coloma es un espíritu libre, y elige por sí misma, y sin posibilidad de apelación, a quién considera digno de relacionarse con ella y en qué términos. Empezó siendo una suerte de metáfora de mi opinión personal con respecto el 12 de octubre y, tal como dices, merced a su fuerte personalidad, se terminó convirtiendo en un personaje muy particular, con carácter propio y muy independiente. Un personaje mágico y, al mismo tiempo, ligado a este mundo y al espectral con sus propias reglas.

La pulga de mar canta sola en la arena roja” ¿qué significa esta frase?

Es un graffitti que me inventé inspirada en otros graffittis que he leído en las paredes y muros del mundo. En Chile es muy habitual que los muros de las casas y edificios estén pintados con murales y escritos con mensajes de todo tipo. A veces son meros códigos de grupos de grafiteros, pero otras son auténticos versos o reflexiones. Este, en concreto, lo inventé un día que iba pensando en mi novela sentada en un bus. No estaba en el mejor lugar para escribir algo largo, así que cuando esa frase vino a mi mente, la anoté y luego la usé para comenzar ese capítulo. Sentí que sería un buen mantra para el sufrimiento de Lidia.

Lluis LLach y Raimon ¿por qué aparecen precisamente estos dos cantantes en tu novela?

Porque cuando llegué a Valencia, uno de mis primeros desafíos fue aprender catalán. Ya cuando vivía en Oviedo, había “descubierto” a Lluís Llach en un disco de poemas de Federico García Lorca. Lluís Llach tradujo el poema y compuso la canción “Els Negres” y yo no podía dejar de escucharla. Era una canción hermosa y Lluís Llach tenía una voz maravillosa. Así que cuando llegué a Valencia tuve la oportunidad de buscar más canciones, discos, cassettes, etc. de él. Y en Valencia conocí a Raimon (mi exmarido no solo era valenciano, sino valenciano parlante, y lo mismo su familia). Y también me encantó. No los nombro en la novela porque habría sido muy largo, pero en esa época también me encantaron Joan Manuel Serrat en catalán, María del Mar Bonet, Pi de la Serra y Ovidi Montllor. Y gracias a todos ellos pude aprender bastante catalán, todo sea dicho.

Lovecraft, Nostradamus, Borges, Eco, Fritz Lang, Arcipreste de Hita, Clarín, Neruda ¿Cuáles son los escritores de cabecera de Thamar?

En mi casa siempre fuimos buenos lectores, y descubrir nuevos y distintos autores se volvió una necesidad lógica derivada de ello. Así que, a lo largo de mi vida, al igual que en lo musical, en lo literario he tenido (y tengo) una amplia gama de escritores favoritos o géneros preferidos. Después de las espeluznantes novelas de terror de Edgar Allan Poe, Lovecraft y Gustavo Adolfo Bécquer y la entretenida ciencia ficción de Arthur C. Clarke o Asimov de mi pubertad, los latinoamericanos fueron mis favoritos y referentes durante mi adolescencia y juventud. Siempre salpicados con novelistas de toda nacionalidad, españoles, franceses, ingleses, alemanes, norteamericanos, etc. A estas alturas, yo diría que leo de todo, incluyendo novela negra, best sellers y hasta literatura juvenil (soy fan de Harry Potter, por ejemplo). Pero también soy muy crítica y tengo mi propio criterio selectivo con novelas mal escritas, con errores o trampas en la trama, o con temáticas que no me resulten atractivas, incluso aunque se hayan hecho muy populares.

“¿Hasta qué punto llegan a conocerse los hermanos?”

Buena pregunta. Sobre todo, entre hermanos tan jóvenes, que aún no han vivido mucho juntos y que están en edades muy distintas, una ya en la juventud, estudiando una carrera universitaria, y el otro apenas un adolescente, aun imberbe.

Ya con el tiempo, creo que l@s herman@s llegan a conocerse muy bien, pero también depende de la calidad de la relación que hayan construido. En mi caso, solo somos dos hermanas, ambas superamos los 50 años; a estas alturas, nos conocemos muy bien. A veces hasta tenemos una conexión telepática. Pero creo que, pese a todo ello, aún podríamos sorprendernos la una a la otra. Yo creo que, en general, es difícil conocer al 100% a nadie, ni siquiera a un@ mism@.

De la estirpe de Némesis comenzó a escribirse allá por el año 1988, cuando se autora estudiaba en Valencia. ¿Cómo fue el regreso a España de Thamar y su inmersión en la Universidad Valenciana?

Cuando llegué a Valencia, ya llevaba 13 años viviendo en España, en concreto en Oviedo. De hecho, comencé la carrera de Psicología en la entonces Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación de la Universidad de Oviedo. No llegué a conocer la Facultad de Psicología que se creó después, pues para entonces yo ya me había mudado a Valencia y estaba estudiando allí, en la Avenida Blasco Ibáñez. Y el cambio fue muy positivo. La Facultad de Psicología de la Universidad de Valencia era mucho más grande y tenía una malla curricular más amplia. La infraestructura del edificio era moderna y las salas de clases, grandes y espaciosas. En cuanto al profesorado, había de todo, pero en general tuve profesores muy buenos y más asignaturas que estudiar, pues los últimos dos años tenían optativas semestrales, así que el cambio de universidad me significó esforzarme el doble. Y por fortuna, con buenos resultados. El salto de una provincia a la otra fue muy grande, también; incluyó la separación de mi familia y amistades de muchos años, y el tener que arreglármelas ya como una persona independiente. Tuvo sus momentos duros, pero el balance final fue positivo. Allí me compré mi primera máquina de escribir, en la que revisé y reescribí mi primera novela, y donde empecé a escribir “De la estirpe de Némesis”.

Actualmente Thamar Álvarez Vega reside en Esplugues de Llobregat con su familia. Es autora de las novelas Voces en alta mar (editorial Los Perros Románticos, 2019) y Retazos singulares de una diáspora (RIL Editores, 2012), publicadas en Chile. Son de su autoría también las novelas La señal del colibrí (mención honrosa en novela corta, Premio Alerce de la SECH, año 1998) y Las apariciones de Laura (mención honrosa en Premio Cementerio Metropolitano, 2019) ambas autopublicadas en Amazon. Tiene otras novelas inéditas y es también autora de numerosos cuentos, textos, artículos y poemas, publicados en su blog De letras y memorias o en Magazín Latino (blog y página de Facebook).

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