La extinción de un pueblo o la recuperación de su cultura

En nuestra ruta, dejamos atrás Ponferrada y su Castillo Templario del siglo XII. Nos vamos hacia Villablino (CL-631), capital de Laciana (Tsaciana nombre tradicional en patsuezo o Ḷḷaciana según la normativa ortográfica de la Academia de la Llingua Asturiana). La carretera cruza varias veces sobre el río Sil, es serpenteante pero no hay demasiado tráfico y el asfalto está bien. Vemos pasar un pueblo tras otro, no hay tiempo pero si ganas de parar para ver sus rincones y hablar con sus gentes. Llegamos a la minera Cerredo, en donde vemos algún que otro lavadero de carbón, después vendrá Degaña, capital del concejo. Cruzamos el río Ibias y tomamos la AS-212 que nos llevará a Trabáu tras pasar por El Rebollar.

Al llegar a Trabáu, las montañas continúan su camino hacia el cielo envueltas en un manto verde y un indicador nos anuncia artesanía Cunqueira.

En estos últimos días de agosto, los praos nos recuerdan la sequía que el pueblo está padeciendo. La yerba está recogida y la leña seca amontonada a un lado de la carretera. El otoño se acerca, los erizos de castañas van cogiendo tamaño, alguno se ve por el suelo, es pequeño.

Escondida entre abedules, robles y castaños una gran brecha, a la orilla de la carretera, parece un surco hecho por el paso milenario de un riachuelo, es una excavación romana en busca de oro. En Trabáu no tuvieron suerte, sus entrañas nunca parieron el preciado mineral; tampoco parieron carbón y por sus montes empinados sembrar se hace difícil, como difícil fue la supervivencia de este pueblo que ante la adversidad de una vida de inviernos blancos consiguió llegar a nuestros días con la ayuda de su propio ingenio.

Trabao, Trabáu o Tablado, es una de las cuatro aldeas de Cunqueiros, en dónde los hombres abandonaban a sus mujeres en busca de pueblos allende las montañas para vender o cambiar por otras mercancías los utensilios domésticos hechos por ellos mismos en el torno de pedal que acarreaban juntos con las herramientas. Estos hombres se hacían llamar a si mismo Tixileiros. Crearon su propio lenguaje para comunicarse entre ellos.

Sisterna, El Bao, El Corralín son los otros pueblos que conforman el valle cunqueiru y que los propios habitantes denominaban en su jerga propia como «Valdeprusia» lugar al que regresaban tras sus viajes anuales.

Suenan voces y panderetas en La Guarida del Cunqueiru Tal vez estén ensayando o quizás celebren alguna fiesta. No interrumpimos y seguimos el camino a pie por la calle principal de Trabao. Techos de pizarra y fachadas de piedra, algunas encementadas, otras azulejadas… también en este pueblo pasaron las modas de remozo de casas en busca de la modernidad vecina llegada con la industrialización y la riqueza que trajo el carbón.

Trabau, como el resto de los pueblos cunqueiros no tuvieron esa suerte.

Fue a mediados del siglo XX cuando los cunqueiros cambiaron el torno por la pala y el pico. Pasaron de moldear la madera a excavar la tierra en otros valles para sacar el carbón de las montañas de Villablino o de Cerredo.

Hoy, las casas de Trabao tienen trisqueles en la fachada, al lado de la puerta, al lado del nombre, a modo de estrellas que indiquen la calidad de la casa que se alquila. Un vecino saca la compra del maletero de su coche, nos mira con curiosidad sin atreverse a preguntar si somos unos de esos turistas que se alojarán durante unos días en las casas de aldea de Trabáu.

—¿N’ónde ta’l chigre? — pregunto con acento forastero, pero de otra “cuenca”. El hombre más relajado nos indica un edificio escondido entre los árboles y la sebe , a la orilla de la carretera. Seguimos caminando cuesta abajo.

En la terraza del bar tres mujeres, un bebé y un hombre pasan la tarde hablando de la escasa lluvia caída por la mañana. Miran al monte rompiendo el silencio en una conversación lenta, pausada. No hay prisas en Trabàu.

Humedecida la garganta, pagamos y volvemos al pueblo, ahora cuesta arriba.

Panderos y panderetas suenan mas fuerte a medida que nos acercamos a La Guarida del Cunqueiru Una cara conocida, una voz inconfundible: Xosé Antón Ambás, el hombre que visibilizó la música ancestral que se cantó y se canta en aldeas que como en Trabáu, fueron transmitiéndose de generación en generación para alegrar las noches de invierno, hacer mas llevaderas las tareas del campo o de la casa, para celebrar las fiestas religiosas y las paganas. Ambás es un hombre amoroso que al reconocerlo no duda en posponer unos minutos su partida, darnos un abrazo y fotografiarse con nosotros. Se disculpa por su prisa y con un caluroso abrazo nos deja con Rosa Cunqueira.

Rosa, la madre del último cunqueiro, prefirió quedarse en la aldea a vivir en la ciudad. Conoce los bosques del Parque Natural de las Fuentes del Narcea tan bien como las tradiciones del suroccidente de Asturias. Pandereteira, cantadora, cunqueira, nos recibe en su Guarida y como a todos los visitantes que se acercan a este reducto etnológico, nos explica la utilidad de cada una de las piezas que componen “A Tixela”, piezas tradicionales, exclusivas y únicas elaboradas en torno de pedal sacadas de las maderas autóctonas. Bacitas, bacitos de diferentes medidas, xarras, salpimenteros, cascanueces, cucharas, tenedores, cazos y otros útiles del uso diario en la casa son hechos por Victor Trabau (1992), el último cunqueiro. Victor es feliz a mas de 900 metros de altitud, en una aldea que ahora tiene 12 habitantes, dice tener suerte por vivir en Trabau, por ”beber la esencia de lo autentico y sudar libertad en un grito revolucionario ante un mundo que va al revés mientras tus manos y tu mente, que son tu arma, luchan por lo que los corazones de tus antecesores te enseñaron a amar”

A los pies del torno, virutas y restos de madera; Rosa nos muestra las partes de esta máquina de madera y su funcionamiento. No hace falta electricidad, no hace falta ningún combustible para hacer A Tixela en el torno, solo se necesita conocer el oficio de cunqueiro, este oficio que se acaba con Victor, el que aprendió a tornar la madera de la mano de su padrino, un hombre que pervive en la Guarida del Cunqueiro.

Fue en el año 2005 cuando Rosa y Victorino García -el padrino de Víctor- iniciaron su andadura en la recuperación y protección de la cultura cunqueira haciendo panderetas, castañuelas, pandeiros y trabajando la madera de manera artesana “como aprendimos de nuestros antecesores”

En La Guarida del Cunqueiro se respira tradicción, folckore, ecología, artesanía, vida y alegría . La Guarida del Cunqueiro es mas que una tienda y un taller de madera en un pueblo de la Asturias vaciada, es un lugar que pretende ser un encuentro con la cultura cunqueira y rural características del Parque Natural de Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias, utilizando, además, el ecoturismo como herramienta de difusión y eje motriz con el que contribuir al mantenimiento de la identidad rural y el sector primario de manera directa.

La charla se alarga y del torno pasamos a hablar de la vida, Rosa es buena conversadora y nos cuenta cómo es la vida del cunqueiru de ahora, de cómo se vive en un pueblo de doce habitantes, del turismo, del monte, de los eventos que organizan par celebrar las fiestas. Y hablando y hablando el sol se va escondiendo.

Nos queda un largo camino de regreso. Nos avisan de qué hay un “argayu” en la carretera, que debemos retroceder y tomar el desvío anterior hacia Cangas de Narcea. El “argayu” bloqueó la carretera que lleva días cortada u aún queda una semana para que circulen los coches, comenta Victor. Son cosas que pasan en la Asturias rural, en la Asturias alejada de la capital.

Y de regreso vemos los miradores de fauna salvaje, más pueblos y un hermoso paisaje al que volveremos.

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