¿Educación o formación?.

¿A qué edad nace en nosotros la maldad?

Hace unos días, mi cuñado vio como aparecía destrozada la luna de su coche. Comerciantes y clientes del bar que están enfrente de donde estaba aparcado el vehículo vieron como un adolescente uniformado de colegial, posiblemente cabreado o sólo mosqueado, vete tú a saber, golpeaba el parabrisas con el casco de su moto. Bien informado, con testigos y con el cristal roto como única prueba del delito habló con la directora del colegio concertado que también está al lado del lugar de los hechos. Sabía perfectamente quién era el “motero” y estaba al tanto de los hechos. La directora le dijo a mi cuñado que no podía hacer nada porque la normativa se lo impedía y tampoco podía comunicar los hechos a los padres de la criatura ya que los hechos no habían tenido lugar dentro del recinto escolar. Sin darse por vencido, llamó a la policía local y relató los hechos. La policía se limitó a pedir pruebas de que había sido el alumno uniformado con casco. No valía con qué hubiera testigos. Además se trataba de un menor y no había nada que hacer. Mi cuñado dejó aparcado el coche con la luna rota unos días. Después se gastó ochocientos euros en un nuevo parabrisas para el utilitario de segunda mano aparcado delante de un colegio concertado.

Esta historia no es ficción, ni forma parte de ninguna novela. Sucedió en Palma hace unos días, pocos. Esto que para algunos no dejará de ser una anécdota, es una muestra más del incivismo que tenemos en la sociedad, en la nuestra. No se trata de un barrio marginal, ni de un alumno inadaptado de un instituto público, no. El tema no es el chico, el tema está en que le ha pasado al chico para que tenga reacciones como estas, y en qué sucede a los educadores (sociedad) para no ser capaces de inculcar valores de convivencia.

La historia que narra Leticia Sierra en su novela Maldad, sí que es producto de la imaginación de la escritora asturiana, pero podría llegar a ser real. El acoso escolar es una realidad cada día más frecuente; los asesinatos a punta de pistola en colegios e institutos de Estados Unidos ya nos nos extrañan. El 24 de enero de 2022, el estudiante de 18 años, Nikolai G., abrió fuego contra una multitud durante una clase magistral en curso en la Universidad de Heidelberg en Baden-Württemberg, Alemania, matando a una estudiante e hiriendo a otros tres. Qué sucedan estos hechos en cualquier centro educativo de España, sea público o privado es tan probable como en cualquier lugar. No es necesario que las armas estén permitidas para conseguir un arma. Pistolas, escopetas y rifles existen; cazadores y cuerpos de seguridad los usan, los terroristas las tienen y los ladrones hacen sus atracos a punta de pistola.

Para que la maldad y el odio, en personas adultas o no adultas, atemoricen o maten a sus víctimas no es necesario tener un arma de fuego. Tener un arma no es el problema, solo lo facilita. El problema es la necesidad del joven en encontrar la herramienta para hacer mal, aunque sea una piedra como sucede en el libro de Leticia Sierra. ¿Qué formación y educación estan recibiendo esas mentes para llegar a ese deseo? ¿Ya no se enseña la diferencia entre el bien y el mal, lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto?

¿Qué enseñan los profesores de ética, filosofía y religión? ¿Cómo educan los padres y los abuelos a los chavales?

“¡Mi hijo no es así!” “¡Mi nieto tampoco!”

Enhorabuena a quienes han logrado que sus hijos no sean unos pequeños dictadores.

“A mi hija le llaman yonqui por pincharse insulina. Ahora espera a poder ir a un baño para no pincharse en público. Yo le quito importancia ¿qué voy a hacer?!”

La niña del párrafo anterior podría desmayarse o entrar en un coma diabético si ese baño está lejos. ¿Qué debe hacer la sociedad con los “mofadores” y acosadores? En el otro lado de la historia están las víctimas, siempre con daños psicológicos (por muy mínimos que sean) o físicos.

Los datos de suicidios o intentos de suicidio en adolescentes en nuestro país son escalofriantes, pero se tienden a callar en los medios de comunicación porque hay un pacto no escrito para que no provoque el efecto repetición o se habla de cifras globales. Solo el entorno mas próximo lo sabe o lo intuye; y si el intento es fallido se oculta. En el año 2020 hubo 300 muertes de suicidios en jóvenes, el suicidio es la segunda causa de muerte entre la juventud española. El total de suicidios en nuestro país fue de 3.941 personas fallecidas. La primera causa de muerte, en ese año, en España, fue el COVID.

¿No es momento para pararse a pensar y preguntarse qué estamos haciendo para que ocurra esto?

Desde que leí Maldad, recomiendo a padres y madres que lean el libro y reflexionen sobre el tema que aborda, mejor dicho los temas: bullying, maltrato domestico, agresiones, sistema educativo en España y educación en el entorno familiar. Maldad, no solo es una historia de crímenes y ya está. Como en la mayoría de las buenas novelas hay un trasfondo que aborda un problema social

“En mi época , los maestros teníamos autoridad y éramos referentes, no solo para los niños, también para sus familias. Había respeto por el docente. Los niños de hoy en día, en general y por desgracia, no respetan nada y , a veces, el profesor se ve en una situación de indefensión grave y poco respaldado por la institución académica.” Maldad, pagina 183

Leticia Sierra escribió esta novela en Noreña (Asturias) entre el 6 de julio de 2020 y el 18 de septiembre de 2020. Cuatrocientas nueve páginas, aparte agradecimientos varios, de intriga en un escenario bien conocido para los ovetenses, el barrio de la Florida. Un zona de Oviedo en donde la tranquilidad de sus calles es elegida como lugar ideal para vivir. Sin embargo no exenta de que sucedan hechos desgarradores como los que suceden en Maldad. Cuenta la autora, hablando del por qué de este libro, que fue la aparición de una maleta con el cadáver de un niño de dos años en el mismo lugar en donde transcurren los hechos, en donde aparece el cadáver de Elsa, lo que le impulsó a escribir esta novela, percatándose de que en los lugares ideales también puede haber hechos que nos acerquen al abismo del alma humana.

Maldad también aborda otros conflictos nada sangrientos como el amor que surge del roce en el trabajo, el egoísmo filial de la hija ante la nueva relación de la madre, o la crítica gratuita tan habitual a compañeros en el trabajo. Maldad es un libro para “descuartizar y sacarle el jugo.

Maldad recorre escenarios reales por la ciudad de Oviedo y Pola de Siero, una ruta de bares y restaurantes en dónde tú como Olivia Marassa, el inspector Castro y el resto de personajes, puedes degustar de su gastronomía o simplemente de disfrutar de un café, lugares para conocer: La Marimorena, El Bulevar, El 43 Grados 22 Minutos, Café Del Navarrín , Tierra Astur

Te recomiendo que leas Maldad. En la red puedes leer más reseñas de este libro y de su anterior novela, Animal.

Si ya conoces las novelas de Leticia Sierra puedes dejar tu comentario y contarme que te han parecido.

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Un comentario sobre “¿Educación o formación?.

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  1. El mal es una cadena. Salvo en excepciones muy contadas, los jóvenes que perpetran hechos de maldad (como crímenes) la han sufrido en su entorno. Nikolai G, tenía un trastorno mental. Brenda Spencer (16 años, tiroteo escolar en Cleveland, 1979) era abusada y maltratada por su alcohólico padre. Barry Loukaitis (14 años, tiroteo en Washington, año 1981), sufría trastorno bipolar, depresión y una familia disfuncional); Evan Ramsey (16 años, tiroteo en Alaska, 1997), había sido maltratado por todas las parejas de su madre y abusado sexualmente por un chico mayor mientras vivía en un hogar tutelado siendo niños. A los 10 años había intentado suicidarse… Y, sí, puedo seguir hasta el infinito. Pero los periódicos se ensañan diciendo «el joven preparó el ataque con un mes de antelación», «odiaba a todos», «era un chico extraño», y hasta los padres se lavan las manos diciendo que no entienden qué sucedió o pidiendo la máxima pena. Pero no hablan de lo que llevó a ese joven a hacer eso, de su proceso interno, de la desatención que sufrió o, directamente, el maltrato. Los niños no pierden la inocencia, se la arrebatamos nosotros, pero salvo medidas punitivas, no se hace nada.

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