Beatriz Delgado, una enfermera con alma de poeta

Vestida con su uniforme blanco de enfermera, su chaqueta azul celeste y zuecos con dibujos sanitarios, alguien diría que, tras la mascarilla y sus gafas de pasta de color rojo, se escondiera una recién licenciada. Es más tarde, cuando la veo en acción, descubro que tras esa mirada dulce hay una enfermera con muchos años de experiencia, capaz de calmar el llanto de un niño o de recolocar una sonda.

Cuando me presentaron a Beatriz, un día del pasado enero, me llamó la atención la rotundidad con la que afirmó con orgullo su procedencia “yo soy de León”. Más tarde, en varias ocasiones, la oí decir que era de Laciana. Orgullosa de su origen y valiente como los de su tierra, Bea pidió que la cambiaran del servicio de radiología a la UCI cuando llegó el COVID al hospital en donde trabaja. En plena pandemia, Beatriz Delgado reflexiona sobre la vida y escribe “Días de silencio”, editado por Cuadranta editorial en el 2021 y que hoy va por su segunda edición.

Leyendo su libro me sorprende la claridad con la que expresa sus sentimientos y la sensibilidad que hay tras “la enfermera más dicharachera” como a veces se define, entre afirmación y broma, con esa socarronería que se tiene en las montañas leonesas, pero sí, Beatriz desprende alegría y vida, llenando el espacio donde está.

Acaba el turno y nos encerramos en la sala de descanso. No pretendo diseccionar su poemario. Me interesa conocer lo que hay detrás de los versos libres, como dice Mercedes Fisteus en el prólogo de “Días de silencio” «… palabras de Beatriz, que se pelean con la métrica y huyen de las estructuras tradicionales…»

“mi sangre está hecha con carbón, con el mismo carbón con el que escribo, con el lápiz”

Corazón de Mandarina —¿Quién es Bea en el 2022?

Beatriz Delgado —Es una persona totalmente diferente a la que escribió el libro. Cuando escribí el libro me sentía una persona triste y cansada de todo. Ahora me veo más empoderada, con más ganas, con mucha más vida.

—El libro lo escribiste durante la pandemia ¿Te cambió la pandemia?

—La pandemia nos ha cambiado a todos. La pasé en la UCI, pero, aunque pasé miedo, fueron más mis circunstancias personales que la pandemia en sí lo que me cambió

—¿Cuándo comenzaste a escribir?

—Era muy pequeña, cinco, seis, siete años y ya entonces escribía poesías. Y pensaba que si lo que escribía y rimaba se cumplía, entonces yo lo escribía todo en rima. Tengo cuadernos enteros de poesías, con una letra horrorosa, que cuando intento leer no sé ni que pone.

—¿Por qué crees que cada día hay más enfermeras que escriben?

—Porque escribir es una gran terapia de liberación muy brutal.

—Dices en tu biografía que siempre tienes planes ¿Qué escribe Bea estos días? ¿Qué planeas?

—Sobre todo, siempre planeo viajes. Cuando no estoy escribiendo planeo viajes y a veces escribo planeando viajes. Soy una persona muy sociable y siempre estoy pensando en quedar con mis amigos. Siempre estoy haciendo cosas. Ahora mismo estoy planeando que me voy este fin de semana a firmar libros a Valencia; a final de mayo me voy a la Feria del Libro de Madrid; a un recital de poesía, también en Valencia; y estamos organizando varios recitales por toda España. Y mirando a ver dónde me voy de vacaciones.

—¿Te has planteado escribir un libro de viajes?

—Tengo cuadernos enteros. Cuando me voy de viaje, me voy con cuadernos. Voy escribiendo y hago guías con los alojamientos y el planing del viaje. Es difícil hacer un libro sobre viajes, tampoco he viajado tanto.

—También dices que no tienes miedo ¿No te dio miedo desnudarte en tu libro?

—Fue una cosa que me dio mucho miedo, pero por eso ya no tengo miedo. Eché dos veces para atrás la publicación de mi libro por el miedo que me daba que la gente me juzgara. Ahora que lo he publicado ya no me quedan miedos.

—¿Has notado que te hayan juzgado?

—Esperaba que lo hicieran más de lo que lo han hecho, y si lo hicieron no lo han hecho a la cara.

—A los escritores noveles les es difícil la publicación de su obra ¿Cómo fue lograr la publicación de Días de silencio?

—Para mí fue super fácil. De lo que tenía elegí unas diez o quince y las mandé a seis editoriales, me contestaron cinco y cuatro querían publicar. Lo mande en plan chorra, a ver lo que pasaba. Me salió super bien. Y fue realmente fácil.

—¿Has participado en algún concurso de poesía?

—De pequeña, en todos los del pueblo. Luego no me dejaban presentarme porque siempre los ganaba (risas). Ahora me he presentado al concurso de Poesía Viva que es del Ámbito Cultural del Corte Inglés. Pero es que no me da la vida para todo.

—¿Qué ha representado para ti la publicación del libro?

—Un logro muy grande, no me lo esperaba. Era una de las cosas de “la lista de cosas por hacer” que me decía nunca lo haré. Ha sido increíble. Al principio me decía ya lo he publicado y ya está, pero después salió la segunda edición… ha sido increíble, aún estoy que no me lo creo.

—“Quitarse el escudo es el primer paso para ganar una guerra” de Elvira Sastre aparece en la página 9 de tu libro ¿Qué guerra querías ganar cuando escribías el libro?

—Una guerra contra mí. Quería ganar la guerra interna que yo tenía, la guerra interna entre publicar el libro o no, y quitarme el escudo. Publicarlo era la manera de ganar esa guerra, quitarme todos los miedos que tenía en ese momento. El mayor miedo era que me juzgaran.

—El desamor ocupa una gran parte de tu obra ¿Crees que es necesario regocijarse en ese sufrimiento como exorcismo para dejar de sufrir?

—No. No creo que sea necesario, pero sí que en ese momento era lo que yo necesitaba. Ahora, a toro pasado, no es que me arrepienta, pero del libro echo de menos la esperanza. Porque parece que es un libro un poco derrotista y tal vez le falte un poco de esa esperanza. Pues sí, me regocijé un montó, pero no porque me regocijara sino porque escribir es terapia y yo era la terapia que necesitaba.

—Tanto en el 45 Alerta Spoiler como en el 58 y algunos otros fragmentos, parece que pretendes dar un aviso a los lectores de lo que es la vida ¿Qué es para ti vivir?

—Alerta Spoiler está escrito para mi primo, con el que me llevo trece años. Él siempre me dice que tengo un montón de ganas de vivir, y es verdad. Siempre digo que si me muriera mañana no me quedaría nada por hacer; obviamente, no es verdad, siempre quedan cosas por hacer, pero hasta ahora todo lo que he podido hacer lo he hecho. Para mí, vivir es maravilloso, vivir es la necesidad de hacer todo y no quedarme con ganas de haber hecho algo.

—Esto es por el carácter de Bea o por la profesión y el ver la muerte cerca cada día.

—Tiene un poco que ver con Bea, con la Bea de los veinticinco años, cuando me diagnosticaron autoinmune y yo creo que eso hizo que cambiara mucho mi perspectiva de la vida. De repente decir a lo mejor no puedo seguir viajando, a lo mejor no puedo hacer… Esto me abrió mucho los ojos.

—Me ha impactado el fragmento 76 en el que hablas del bullying en primera persona ¿Realmente fuiste una niña acosada?

—Sí. Sí y mucho. Yo creo que no hay que normalizarlo, entonces por poco que sea ya es mucho. Siempre digo que yo estudié gracias a irme del pueblo. Con la gente que iba al colegio, con la que vivía el día a día en el pueblo, me veían fuera del colegio y eran supernormales conmigo, pero en el colegio me machacaban bastante. Supongo que porque a todo el mundo le da miedo lo diferente. A mí no me apetecía irme de discotecas, me apetecía más irme a hacer fotos al monte, a leer… Todo el mundo quiere ser original, pero a todos les da miedo el diferente.

—¿Crees que hay bullying fuera de las escuelas?

—Sí. Se llama moobing en los centros de trabajo, se sigue machacando al diferente.

—Haces un guiño a la política cuando dices “No nos dieron alas, pero nos dieron el poder de votar” ¿Cómo explicas esta frase?

—Históricamente, España ha sufrido mucho con las dictaduras. Mi familia, la tuya, la de todos… se han jugado mucho para que tengamos voto. E independientemente de lo que votes hay que ir a votar. Para mí, votar es una manera de libertad. No hay forma más liberadora y de volar que ir a votar, es tu derecho, es tu libertad. Que las mujeres podamos votar es un logro.

—¿Te ha influenciado ser de Laciana a la hora de escribir?

—Mucho. Piensa que mi sangre está hecha con carbón, con el mismo carbón con el que escribo, con el lápiz. Soy hija de la tierra, soy hija del carbón.

—¿Echas de menos tu tierra?

—Echo mucho de menos mi tierra, aunque me fui con catorce años. Llevo más tiempo fuera que en mi tierra y la echo de menos, pero me doy cuenta de ello cuando voy. Porque da igual lo que me pase, pero volver a casa siempre me cura. Vuelves a casa, vuelves a las raíces para volver a florecer, para encontrar eso que te hace falta.

—El 85 se lo dedicas a los hombres de tu familia que son mineros ¿Te ha marcado formar parte de una familia minera?

—Muchísimo. Desde mi carácter hasta se me nota cuando hablo, se me nota cuando escribo. Alguien me dijo hace poco que se me notaba que era hija de un minero, que era muy roja… y menos mal que se me nota…

—¿Crees que existe una cultura del carbón?

—Sí claro que sí, cien por cien, por supuesto. Toda mi familia es minera; el sentimiento que tenemos los hijos del carbón creo que es muy arraigado, la sobreprotección de la familia, somos muy piña. Cuando en la mina se “mataba” en accidente un compañero todo el mundo hacía luto, nadie iba a trabajar y se perdía el día de trabajo por la muerte del compañero.

—Vivir cerca de las minas ¿Esculpe el carácter de las personas?

—Sí, claro. Empezando porque te cría gente muy valiente. Me hicieron luchadora e inconformista. A mí no me sale ver una injusticia y quedarme quieta. Muchas veces doy la cara por gente que sé que no la dará por mí. Todo ese carácter lo ha forjado ser hija de un minero.

—¿Qué música escucha Beatriz Delgado cuando escribe?

—Cada año, cuando empieza el año, abro una lista de reproducción en Spotify. Después, cuando abro la de años pasados me transporta a aquella época. Escucho de todo, hay un tipo de música que no la sé apreciar que es el jazz. Pero toda la demás me encanta. Este año creo que escuche un mes y medio de música según la estadística de la aplicación.

—¿Qué estas leyendo ahora?

—Estoy leyendo varios libros. Soy de tener varios libros empezados, ahora leo “Mis alas están listas” de Andrea Fernández García, “Cosas que los nietos deberían de saber” de Mark Oliver Everett y otro de la poetisa de origen hindú Rupi Kaur.

—Estas escribiendo algún libro

—Tengo cositas escritas y la editorial quiere que publique otro. No tengo mucho tiempo. Quiero disfrutar del primero.

—¿Te has planteado cambiar de genero?

—La gente me pregunta mucho si no quiero hacer novela; lo quepas es que yo tengo un problema, es que yo soy una persona que tengo que ver el principio y el final, si veo que no avanzo me aburro y lo dejo, es como el tejer, siempre tejo con agujas y lana muy gruesa para terminar rápido.

—Un lugar en el mundo en dónde te refugiarías a escribir

—Hay tres sitios que me encantan, en donde siempre voy cuando estoy un poco agobiada: Londres, a veces voy por la mañana y regreso por la noche; estuve viviendo en Londres y me hace sentir en casa. Un pueblo precioso que me encanta es Comillas en Cantabria donde estuve trabajando, para mí es un punto que me hace estar zen. Evidentemente mi casa y el mar. He escrito mucho en el mar, también cuando viajo escribo mucho. Es cuando más inspirada estoy porque además suelo viajar sola.

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